La Catedral de Santa María la Mayor, más conocida como Catedral Antigua o Santa María La Vieja, fue sede del Obispado de la Diócesis de Cartagena. Ubicada en el cerro de la Concepción, en pleno Casco Antiguo de nuestra ciudad, se encuentra en el olvido del Obispado de Cartagena desde el día 25 de noviembre de 1936, cuando en la Guerra Civil Española sufrió graves daños.

Desde 1899 hasta 1904 el arquitecto Víctor Beltrí realizó una remodelación de nuestra catedral en estilo neorromántico, con algunos toques modernistas. La construcción estaba articulada en torno a tres naves, una central y dos laterales, éstas con capillas adosadas. La entrada era una pequeña puerta en la nave situada al sur, nave que también tenía una puerta junto al ábside, al otro extremo, que tenía mayores dimensiones y tenía la consideración de puerta principal. Contaba con una torre con campanario. Entre las capillas más importantes encontramos la que albergaba a la Virgen del Rosell y la de los Cuatro Santos.

Con la fuga del Obispo Magaz hacia el interior, apoyada por Sancho IV mediante la falsa Bula de Rieting, con la falaz excusa de las incursiones berberiscas en la costa de Cartagena, la auténtica sede de la que aún hoy sigue siendo la Diócesis de Cartagena, fue perdiendo preponderancia en favor de la que es hoy Concatedral de la Diócesis de Cartagena, ubicada en la ciudad de Murcia y que conserva el nombre de la primigenia y auténtica catedral de Cartagena. Desde ese fatal hito en la historia de España y de nuestra diócesis, las injusticias cometidas contra la Iglesia Católica y uno de sus pilares básicos, la tradición, han sido denunciadas por absolutamente todas las generaciones de cartageneros hasta la actualidad, siendo esta cuita la génesis de la enemistad entre las dos principales ciudades de la actual CARM.

No fueron más graves los ataques de los piratas berberiscos en las costas cartageneras que las sufridas en cualquiera de las otras diócesis y ciudades del Mediterráneo, pero no hubo ninguna otra huida al interior de ningún otro pastor de la Iglesia, pues muy al contrario es orden vaticana el que los pastores deben estar cerca de su rebaño, por lo que se infiere que la huida del obispo Magaz estaba más ligada al regalo de setenta tahúllas de tierra fértil que en el hortus Mirtus o huerta de Murcia y a la necesidad de Sancho IV de justificar la traición a su padre Alfonso X El Sabio, durante la estancia de éste en Sevilla, y que costó la excomunión Papal a los dos príncipes,  el de la iglesia y el de palacio.

Desde ese hito hasta la actualidad, los diferentes Obispos que han pasado por nuestra Diócesis han preferido mantener el status quo ilegal, basándose unas veces en falsas bulas y piratas, otras por falta de palacio episcopal en la ciudad sede de la Diócesis o por cualquier otra excusa, de tal modo que hasta en tres ocasiones, tres han sido los obispos que han pedido al Vaticano el cambio de nombre de nuestra Diócesis, encontrando en todos los casos, no solo la respuesta negativa de la Santa Sede, sino también el mandato explícito de que el Obispo retorne a su sede primigenia en la ciudad de Cartagena, por ser esta ciudad sede primada “MATER ECCLESIAE CARTAGINENSIS”, ya que como reza la tradición el Apóstol Santiago llegó a España por el puerto de Cartagena, trayendo con él la Luz del Evangelio para toda Hispania, y llegando a glosar de esta tradición con el siguiente razonamiento, si de la tierra y las piedras de esa Santa Iglesia Catedral, pudieran rescatarse las lágrimas y la sangre de tantos Santos y Mártires que sufrieran martirio por la fe, ningún servidor de la Iglesia pediría semejante cosa.

Los daños producidos en la auténtica sede de la Diócesis como consecuencia del ilegal traslado, van desde la capciosa confusión entre la preponderancia religiosa de las dos ciudades, como por ejemplo el depósito de las reliquias de los cuatro Santos Cartageneros en la concatedral de Cartagena en Murcia, o el depósito del corazón de Alfonso X El Sabio en esa misma concatedral, algo que se entiende imposible, pues él pidió que fuera enterrado en la Catedral de Cartagena cuando aún no había sido construida la de Murcia, a la pérdida  de toda la obra ligada a la Iglesia desde el traslado, y que va desde las construcciones religiosas a las académicas que si bien en este momento son instituciones más ligadas a la administración política que a ninguna otra, la semilla de las mismas se dio de la mano del obispado, léase la propia Universidad de Murcia o la obra de Salzillo, por poner sólo dos.

Lo cierto es que existen documentos en los que se demuestra que ese espacio de terreno que hoy alberga los restos de la única Catedral de la Diócesis de Cartagena fue reedificada en el siglo VI por el General Comenciolo en honor de Santa María, que es la única que está consagrada mediante Bula Papal de Inocencio VI, que aún se conservan las partituras musicales que se compusieron para su consagración o que aparece claramente en los grabados que adornan las Cantigas que el Rey Sabio dedicó a María, en los que se observa al rey postrado de hinojos ante la imagen de una Virgen de estilo Románico, policromada, sedente, con un niño en su regazo y una rosa en su mano derecha y cuya clara advocación no puede ser otra que la de la Santísima Virgen del Rosell, Patrona Inmemorial de Cartagena.

Cierto es que el funesto episodio del Obispo Magaz, se da al unísono con el traslado de la sede de la iglesia de Roma en Hispania desde Cartagena a Toledo, por la necesidad de reunir poder religioso y eclesiástico con el fin legitimar la creación de lo que hoy conocemos como España, de lo que se puede entender que este episodio quedara olvidado por las necesidades generales de ese momento histórico, pero no es menos cierto que desde entonces hasta nuestros días los intereses económicos han primado sobre cualquier otro ante nuestras autoridades religiosas, llegando estas incluso a excomulgar a Cartagena en dos ocasiones por reclamar la vuelta del Obispo a su legítima sede.

Hoy como en todas las generaciones anteriores, el pueblo de Cartagena clama por la restitución del Obispo a su silla, pero además por la restauración de su auténtica Catedral, pues desde los bombardeos de la guerra civil es la única en España que “no ha interesado restaurar”, pidiendo desde el Pleno Municipal en este mismo año 2016 que se inicien por parte del obispado las obras de restauración de la misma, devolviéndole a ésta y a la legitima ciudad titular de su sede la dignidad del culto que nunca se tendría que haber perdido.

catedralCartagena

 

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