Ayer, un grupo de destacados políticos corruptos, pertenecientes a un partido imputado -ahora investigado-, y llegados desde todos los rincones de una Región que tiene el dudoso honor de liderar ese bochornoso ranking, se reunieron para escenificar la sucesión de ‘la jefa’.

Allí estaban todos presumiendo de sus logros. Quien no tenía unos diplomas falsificados para exhibir tenía un auditorio o varios. El que menos, un chalet o unas facturas cargadas al municipio. Claro, ¡qué menos merece su dedicación! La ocasión lo requería, así que se dio cita toda la familia.

También ella, el ‘pilar’ que los ha sostenido, la que más méritos ha hecho; capaz de corromper el sistema local hasta dejar en quiebra un municipio tras la mayor época de bonanza de la historia reciente. Era su aquelarre y no quiso perdérselo.

Ya no son ‘Pilar’. Eso era hace un año… Pero les delata ver a su más aventajado delfín en el centro de la escena, caído en desgracia por sus avatares con Alonso pero adiestrado por ella. Ahora organiza y coprotagoniza el evento, su nueva especialidad, al menos esa es la excusa con la que PAS le paga un sueldo con nuestro dinero. Porque, una vez más, a esta ronda invita el PP pero pagamos nosotros.

Como decía, es indiscutible la dedicación a la causa de la corrupción de todos ellos. Tanto que el centro de sus críticas fue el primer alcalde honrado que ha tenido Cartagena en 25 años. Y es que la decencia, la limpieza y el servicio público desinteresado a los ciudadanos les chirrían.

Por eso, el ‘presidente de todos’, acechado por la Púnica y el caso Auditorio, además de por la desaladora, no podía escoger mejor compañero que ‘el imputado delfín’ para demostrar a los suyos que la trama sigue ansiosa de poder para continuar su obra.

Se olvidaron de hablar de la realidad del Ayuntamiento de Cartagena, en quiebra hace pocos meses, hoy viable y sin sufrir intervención ministerial. Mas eso es lo de menos; lo importante era la ceremonia del absurdo, los de siempre con la de siempre, pero barajados en otro orden.

No me queda otra que desearles toda la suerte que merecen en esta nueva etapa y que consigan, por fin, un empleo. Para ello seguiremos trabajando en el Gobierno de la ciudad desde el rigor, la responsabilidad y la honradez, para que mantengan ilusión por ganarse un sueldo en el futuro que, sin ellos, Cartagena vuelve a mirar de frente.

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